Una persona: una lengua. ¿De verdad?

Cuando se habla de educación bilingüe, se suele aceptar generalizadamente que para que culmine con éxito se debe aplicar el principio “una persona: una lengua”. Es decir, en nuestro caso, que yo debo hablar siempre español con el Bili, y su padre, alemán. Y que hay que seguir este principio a rajatabla.

A mí esto la verdad es que me creaba cierto desasoiego, porque, aunque en general soy consecuente, hay muchas ocasiones en las que me veo hablando alemán con mi peque. Por ejemplo, cuando vamos a los “Tigerkinder”, nuestro grupo de juegos. Y eso que allí me dirijo al Bili muchas veces en español y nunca nadie me lo ha reprochado. Pero las canciones y los juegos comunes son en alemán, claro. También hay ocasiones en las que estoy en un entorno alemán y quiero decirle algo al niño y que los demás lo entienda, por ejemplo en el parque. En fin, que en estos casos yo me quedaba con la cosa de si no lo estaría estropeando.

Un amigo con familia bilingüe me dijo entonces que más que con la persona, los niños relacionan la lengua con determinadas situaciones y que, por lo tanto, no debería agobiarme. Siguiendo con el ejemplo anterior, el Bili entenderá entonces que mamá en general habla español, pero que en los “Tigerkinder” habla alemán.

Recientemente hemos vivido una situación que confirma esta teoría. Hasta las vacaciones de verano, tuvimos una adorable canguro española que cuidaba del Bili. Desgracidamente tuvo que regresar a su tierra y desde entonces todavía no le hemos encontrado una sustituta de verdad. Buscamos a alguien que hable en español para que el tiempo de exposición a la lengua minoritaria sea mayor y además no sólo me oiga hablar español a mí y a la yaya durante las vacaciones y las visitas. Pero hasta ahora no hemos encontrado a nadie. Esta semana tenemos dos entrevistas y espero que el asunto se resuelva pronto, pero el caso es que hasta ahora estaba cuidando del niño la señora que nos ayuda con las tareas de la casa. El Bili la conocía desde hacía tiempo y, cuando hablaba con ella, lo hacía en alemán. Sin embargo, las primeras veces que fue a recogerlo a la guardería y fue con él al parque, se empeñaba en hablarle en español. Así que está claro:

Una situación: una lengua

¿Y vosotros? ¿Cómo lo vivís? ¿Se confirma la regla también en vuestras familias?

¿Qué necesitan los niños para adquirir una lengua?

Quienes saben alemán están de suerte, pues aquí tienen una fantástica ponencia de la Dra. Rosemary Tracy sobre este tema:

Si tuviera tiempo, me encantaría subtitularla. Pero sería una promesa vana, muy a mi pesar no lo voy a tener. Así que aquí queda, y quizás alguien se anime a ponerle unos subtítulos. Yo, si en vacaciones encuentro un rato, añado unos cuantos comentarios sobre los puntos más interesantes.